Los días se precipitan con lentitud
la clepsidra escurre las gotas de este amor,
y cada grano de arena que avanza en el reloj,
es un hueco más en mi ingenuo corazón.
Eterno presagio, hoy, el dolor.
Ha llegado para quedarse
y teñido el horizonte con su amargor
Lejana ostento la felicidad,
no se vislumbra en ninguna deidad.