Ese gran nudo vacío
que habita en mi pecho,
y confirma aquel hecho,
me depara un sombrío
y vago tiempo impío.
Las luces me encandilan
y las estrellas me ciegan.
¿Será acaso mi azar
sin destino cierto errar
donde las dudas abundan?
Conservo aquel ocaso,
que acecha, en soledad,
mis sentimientos sin piedad.
Junto al primer fracaso,
susurra a cada paso
una voz imaginaria
que perpetra mi memoria.
Incondicional ausencia
sembraste en mi consciencia
tras solitaria euforia.
Son amores imposibles
que revuelan por el corazón
argumentando sin razón
y sembrando, impasibles,
dolores impenetrables.
Sólo me queda naufragar,
cruzar el inhóspito mar
majadero artilugio,
anacrónico refugio,
hasta algún puerto hallar.
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