jueves, 10 de mayo de 2018

Una Llamada, Una Salida

    Me preguntaba si ir hacia allá, dejando el acá, era claudicar. Si realmente esa vaga esperanza que me atrapaba, que me rodeaba, que acaso me manipulaba, sería la desertora de mis sentimientos, sería esa traición hecha emoción, o si simplemente era necesario dar un paso. Un paso como comienzo, porque siempre habría que comenzar, sin importar qué fuera aquello que comienza, y sin comienzo no habría fin, acaso aquello realmente importante en este juego. Quizá sea por ello que aquella noche, sin pensar demasiado, porque cuando uno comienza a pensar demasiado emerge cierta cobardía más parecida a la renuncia, tomé el teléfono y marqué tu número, el que aún hoy recuerdo con vaga precisión a pesar del tiempo y la distancia (¿Es que todavía busco convencerme que en cuestiones de la emoción se pueden colar estas variables físicas? ¿Busco, ingenuamente, convencerme que el tiempo y la distancia significan algo en el dominio de las emociones? Pretendo jugar con el alfabeto, como un niño que comienza por las vocales, y utilizar las palabras que considero exactas para cada situación, para cada emoción, sin embargo cuando creo acercarme, cuando creo ver la orilla luego de una fatua navegación, acomodo una junto a la otra cuatro, cinco o seis letras, cuando no más, y al momento preciso en que aquello que siento se imprime en el papel, concibo la desolación como vacío, como renuncia a un idilio que no se corresponde, a un idilio que no puede existir, porque el mundo de las palabras, acaso inventado por lo humano carece de la capacidad de explicar el mundo de las emociones, acaso inventado por otras formas superiores que la humanidad), y luego de esperar tras el tono algunos minutos, comprendí que no ibas a tomar la llamada, comprendí que decidirías esperar aquello que vanidosamente llamarías un Acto de Valentía, en ocasiones confundido con un acto de amor, si no son acaso una misma cosa. Quizá el amor sea simplemente valentía y la humanidad se encontraría ante el mayor error dialéctico de la historia, al menos un error que lleva miles de años alimentándose, de la mano de otros y de su propia mano, porque quién podría negar que el amor fue la primera emoción, una emoción primigenia, una emoción pura, sembrando un terreno capaz de cosechar otras, capaz de abrir nuevos caminos del sentir y consecuentemente del vivir. Y este Acto de Valentía significaba algo más que echarse en el sofá y escribir un mensaje o hacer una llamada telefónica, este Acto implicaba Acción, porque el hacer llegaba allí donde el decir no podía hacerlo en el mundo de los sentimientos; donde una palabra no era capaz de expresar una emoción, sí lo era una acción, porque decir Te Amo y hacer el amor se parecen, pero no tanto. Entonces, juntando coraje, o no pensando demasiado, decidí abrir la puerta y dejar mi apartamento, decidí salir a buscarte, en una noche cerrada y oscura, una noche vedada a las buenas intenciones y los ingenuos sentimientos.

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